Muse son, ahora mismo, los abanderados del rock británico (con permiso de Franz Ferdinand, pero esos juegan en otra liga). Recogiendo el testigo de Blur y una vez que Radiohead se han pasado a hacer otras cosas, se han erigido como el máximo estandarte del sonido rockero de las islas donde llenan estadios y son el mayor reclamo de los grandes festivales.
Su historia comienza con tres chavales de Teignsmouth, Matt Bellamy, Dominic Howard y Chris Wolstenholme se juntan para dar forma a un proyecto llamado Gothic Plague. Con el tiempo, adoptan el nombre de Muse y poco a poco van destacando del resto de bandas de su zona gracias a su virtuosismo con los instrumentos.
En 1999 publicaron "Showbiz", su debut, con el que recibieron elogios y críticas a partes iguales. Unos decían que su virtuosismo les haría llegar a lo más alto en pocos años, otros decían que el barroquismo que desprendían sus composiciones no era propio de unos chicos de su edad y que pecaban de pretenciosos. Lo cierto es que el álbum fue un éxito y ya en 2001 su segundo trabajo se encontraba entre lo más esperado del año en el Reino Unido. Este fue "Origin of Symmetry", un disco que seguía en la línea de su predecesor en el que sus canciones más cañeras hasta la fecha se intercalaban con baladas y medios tiempos de gran calidad. Pero, sin duda, ese equilibrio entre dureza rockera y sensibilidad pop llega a su zénit con su tercer largo, "Absolution". Se trata de un disco ante todo variado, y también inspirado.
El disco comienza con Apocalypse please, un gran tema introducido por una marcha militar que encadena con el piano de Matt. El siguiente corte es el single Time is running out, uno de los mejores momentos del álbum, una canción de pop rock atemporal con un puente y un estribillo arrolladores. A esta le sigue Sing for absolution, la primera balada sobre piano que nos encontramos, de una gran belleza y con un Matt cantando con el alma. El siguiente es el tema más duro del disco, una Stockholm syndrome que no deja respiro con esas guitarras ultradistorsionadas. Esto nos lleva a otro corte reposado, Falling away with you, un tema que va de menos a más hasta llegar un grandísimo estribillo.
Tras un breve interludio, llegamos a la mejor canción del disco: Hysteria, una obra maestra que lo tiene todo: un riff matador, un gran estribillo y sobre todo un punteo sobrecogedor. Un tema para la historia... o para la histeria. Tras esto llega una rareza, quizá lo más original del compacto: una Blackout en clave de vals que seguramente descolocará a más de uno. Después, comienza la recta final intercalando un tema más metálico con otro más reposado. Empezamos este trayecto con Butterflies and hurricanes, un corte de gran belleza en el que Matt le saca humo a las teclas de su piano y que enlaza con The small print, un gran tema guitarrero, muy pegadizo. Endlessly es una nueva balada y después llega Thoughts of a dying atheist, canción muy sentida por el cantante y que entronca con la final y majestuosa Ruled by secrecy.
En definitiva, un gran disco que hará disfrutar a cualquier seguidor del pop o del rock gracias a su atemporalidad y sus virtudes, quizá sea su mayor legado.