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The Mars Volta The Bedlam in Goliath

Información de The Bedlam in Goliath

The-Mars-Volta - The-Bedlam-in-Goliath
Banda: The Mars Volta
Lanzamiento: 29-01-2008
Sello: Universal Motown Records
Valoración: n/d (Se requieren al menos 5 votos)
Puntos: n/d (Se requieren al menos 5 votos)
Votos: 3

Tracklist de The Bedlam in Goliath

  1. Aberinkula
  2. Metatron
  3. Ilyena
  4. Wax Simulacra
  5. Goliath
  6. Tourniquet Man
  7. Cavalettas
  8. Agadez
  9. Askepios
  10. Ouroboros
  11. Soothsayer
  12. Conjugal Burns

Comentarios de The Bedlam in Goliath (2)

Un esperadisimo disco para el año 2008, desde la salida no tan alabada de su antecesor Amputechture. Esta vez The Mars Volta nos entrega un energetico album, que nos recuerda a su primer hijo llamado De-loused in the Comatorium, vuelven a sus raíces con grandes cambios de ritmos, sonidos extraños entre canción y canción, y demuestran que sus influencias van desde Led Zeppelin, King Crimson y algo de los comienzos de Santana en sus ritmos salseros.

Implementan gran cantidad de instrumentos, algunos que venian utilizando en Amputechture como el saxofón "descarriado", flautas, sintetizadores, un bajo muy potente, y las guitarras estrepitosas con las que no tienen acostumbrados. Sumándole de una batería muy dinámica que le hace a uno pensar, que el baterista esta en plena forma.

El hilo conductor del disco es un golpe cetero tras otro, desde "Aberinkula", "Metatron", "Ouroborous", "Cavalettas". Mas algunas canciones de enganche como "Wax Simulacra" e "Ilyena". Y luego estan las mas elaboradas como "Goliath", "Agadez", "Askepios", "Soothsayer" y "Conjugal Burns".

Esperemos que el resto del año nos traiga joyas como este disco.

23-01-2008 | # | sunburn

Enfrentarse a un disco de The Mars Volta es hoy en día una de las pruebas más duras a las que un analista puede hacer frente. Ante su gusto por las canciones largas, los discos kilométricos y las intrincadas estructuras uno no puede otra cosa que agarrase al asiento y esperar salir indemne. Con este cuarto álbum no es que hayan cumplido con la tradición, es que se han superado aún más. Hay mucho que decir de Bedlam in Goliath, producto también de la propia complejidad del álbum pero también de lo que subyace a la obra como mera traducción de las convicciones de sus creadores.

Y digo esto porque da cada vez más miedo ver cómo Omar Rodriguez-Lopez, compositor de todo lo que se oye en el disco excepto las voces, va sacando discos como churros indiscriminadamente, seis en cosa de un año. Así es difícil, casi imposible, pensar que lo que hay en sus discos es más que una mera grabación de lo que se le fue ocurriendo en algún momento, y que por el contrario responde a una obra con sentido completo y pensada de cabo a rabo como un todo. Puestos en faena, el resultado no es ni una cosa ni la otra. Para empezar el disco tiene suficientes puntos geniales como para decir que es fruto de la improvisación y la experimentación más loca. Pero por otro demasiados elementos hay que parecen no encajar y que se repiten a lo largo de todo el minutaje.

Para empezar la primera sensación que nos transmite el disco es que es el más trallero que han grabado hasta la fecha. Las canciones tienen un ritmo endiablado y apenas baja de revoluciones entre canción y canción hasta los últimos temas en los que hay alguna concesión a la tranquilidad. Pero aquí es donde aparece el primer elemento extraño: y hablo del trabajo en las baterías. Y no es que sea malo; de hecho aquellos que se lamentaban de la marcha de Jon Theodore pueden estar tranquilos porque Thomas Pridgen cumple su papel a la perfección, y con creces. Lo que no termina de cuadrar es que incluso en los pasajes más pausados y reposados del final del disco la batería sigue aporreando a toda pastilla, creando una sensación de tralla injustificada en partes en las que pegaría algo más relajado. Esto al principio del disco no se nota porque la velocidad es muy alta desde el primer momento hasta entrada la segunda mitad del disco, pero a partir del final de Agadez en adelante se hace evidente una descoordinación total entre la batería y el resto de elementos en demasiadas ocasiones.

Otro de los aspectos criticables de esta nueva entrega es el exceso de elementos experimentales. La misma pega que tenía el para mí genial Frances the Mute pero llevada al extremo: si antes los minutos de la basura se guardaban para el principio o el final de los cortes, ahora cualquier momento es bueno para incluir la marcianada de turno. Pero que Omar y Cedric se entretengan con pedales de todo tipo y trasteen con moduladores de voz y demás etcéteras no es lo que más me preocupa.

Creo que el punto más en contra que tiene el álbum es que la complejidad de la música de estos tíos se está haciendo cada vez mayor y como resultado el disco es prácticamente indescifrable. No así en los primeros temas, pues hasta Cavalettas el disco va camino de convertirse en magnánimo, a la altura de su obra maestra De-Loused in the comatorium: no se puede expresar con palabras pero temas como Aberinkula, Metatron, Goliath y Wax Simulacra confirman a The Mars Volta como un grupo especial e inimitable que tiene que hacer historia en la música. Y es porque son temas más contenidos, en los que las partes están más o menos diferenciadas, se entrevé una estructura lógica y se van menos por la ramas. Pero es a partir de esa especie de interludio que supone Tourniquet Man cuando el disco empieza a ponerse cuesta arriba para el oyente, pese a que el minutaje de los temas se ha reducido considerablemente respecto de sus álbumes anteriores. Y es que es prácticamente imposible discernir qué instrumentos están sonando al mismo tiempo en ningún momento, tal es su barroquismo. Si a esto unimos que dejan volar su imaginación en más de una ocasión para marcarse solos de todos los instrumentos posibles y que la experimentación con las mentadas maquinitas está a la orden del día, la suma da como resultado un potaje metido a presión en una olla con todos los ingredientes que quedaban en la nevera, un sonido terriblemente difícil de asimilar y en el que el receptor no puede hacer otra cosa que perderse y confiar en volver alguna vez a un lugar conocido. Y a veces pasa (Cavalettas tiene partes que evolucionan de forma distinta para luego repetir un par de partes varias veces a lo largo del tema) pero otras el desvío es de no retorno, y llega el momento en que se hace frustrante.

Es esto un fallo (para mi gusto) que arrastran desde Amputhecture: aquella vez temas de hasta un cuarto de hora se adentraban en retorcidos caminos, lo que hacía que los temas perdieran personalidad y dieran más la sensación de largas jams que de canciones. Algo que podría tener en común con Frances the Mute pero incluso en este disco si me ponen medio minuto de uno de sus cinco temas puedo reconocerlo fácilmente. En el caso de The Bedlam In Goliath esto es muy difícil. Una extraña unidad que contrasta con el carácter desarraigado de un disco que se va por las paredes y que hace que al fin y al cabo la segunda parte del álbum sea una gran cruzada en la que constantemente se repiten los mismos recursos sin mucho sentido pese a esconder grandes momentos.

Con todo este panorama es difícil llegar a alguna conclusión lógica pero con lo que me quedo es con que el disco es prácticamente perfecto hasta Tourniquet Man y a partir de ahí el grupo se desmadra. En ese resto del disco dan algo de lo mejor y mucho de lo peor de sí mismos: algunas partes memorables y otras insoportables, pero todo mezclado de una manera que pone en un brete al oyente y le impide disfrutar al completo de una obra que podría haber sido definitiva. Nuevamente se echa en falta la figura de un productor que les pare los pies a la hora de pulir estos detalles. Otro año será.

15-03-2008 | # | Wirrak
Agregado: 03-12-2007 | Agregado por:

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