Crónica The Dillinger Escape Plan – The Cancer Bats – The Ocean, Sala Razz 2, Barcelona (21-10-10)

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Los componentes de The Dillinger Escape Plan debieron caer en la marmita de la pócima de Panoramix cuando eran pequeños porque sino no tiene explicación su inagotable vitalidad. Carreras de un lado a otro, saltos al público, subidas a los amplificadores o suspensiones en los focos de Razz 2 fueron algunas de las actividades con las que se entretuvieron los guitarristas Ben Weinman y Jeff Tuttle y el vocalista Greg Pucciato.

Pero antes de la salida al escenario de los de Nueva Jersey, los germanos The Ocean (anteriormente conocidos como The Ocean Collective por la inmensa cantidad de músicos que colaboraban en las composiciones) hicieron gala de su buen hacer y desplegaron su artillería 'post-metalera' con resultados más que convincentes. La banda -que iba a visitar España el pasado julio pero que por distintos motivos no se acabó concretándose- presentaba los temas de la primera parte de los discos que editará este año, «Heliocentric«. Lo cierto es que demostraron que la incorporación a la voz principal de Loïc Rossetti les ha servido para añadir aún más matices a su sonido ya que el suizo tiene una más que buena voz melódica. Así, unido al resto del grupo el resultado es contundente pero sin perder los pasajes más ambientales que siempre ha caracterizado al grupo en ese bello dualismo suave-contudente. Corto se hizo por lo que esperamos que vuelvan lo antes posible como grupo principal.

Los canadienses Cancer Bats -muy esperados por la parroquia barcelonesa- no tardaron en incendiar la escena abriendo el fuego con «We Are The Undead» y demostraron que si, que de muertos ni un pelo. El 'hardcore' con aires sureños (Pantera o incluso Down es un referente importante en el imaginario del cuarteto) logró a los pocos segundos poner en punto de ebullición la sala. Liam Cornier se mueve bien con los cambios de tono vocal y es capaz de resolver bien las partes más melódicas apoyado en los riffs a ratos graníticos, a ratos veloces de Scott Middleton. Hubo espacio en su set para la versión del «Sabotage» de Beastie Boys donde nuevamente Cornier demostró que rapeando tampoco desmerece y que el público agradeció especialmente. Cerraron su breve e intenso set con «Hail Destroyer» con el objetivo cumplido.

Y llegó la hora de The Dillinger Escape Plan: llevan años en EEUU alertando del abuso del Ritalín a la hora de tratar a niños nerviosos o hiperactivos (de hecho, se denuncia que se ha llegado al punto de prácticamente recetarlo sin que exista motivo). Está claro que se trata de un problema surgido en generaciones posteriores a la de los integrantes de The Dillinger Escape Plan porque si algo les sobra es hiperactividad y, afortunadamente, no han debido probar nunca el metilfenidato. De verdad, la movilidad, fuerza, entrega, agilidad -acercando su actuación en momentos a un auténtico ejercicio gimnástico- es asombrosa. Y lo más apabullante es que, mientras se dedican a todas esas cosas, son capaces de tocar sus instrumentos o cantar como posesos sin inmutarse.

Fue una primera media hora de infarto (aunque si alguien en la sala sufría de epilepsia, debió ser hospitalizado a los 15 segundos de empezar porque la iluminación 'enciendo-apago' blanca era el manual para lograr un ataque) y sonaron temas como «Farewell, Mona Lisa» o «Milk Lizard», sin dejar un momento para el respiro. Tampoco es que el momento que escogieron tomar algo de aire fuese para hacer una balada (obviamente, no es la clase de temas que el quinteto cultive) pero «Unretrofied» sirve. Luego también hubo momentos para más melodías como las de la genial «Black Bubblegum» y en la que Pucciato demuestra que aparte de despedazarse a gusto la garganta cuenta también con una excelente voz melódica (y no solo en el estudio).

Para terminar, optaron por la tremenda «Panasonic Youth» y «43% Burnt», perteneciente al «Calculating Infinity», con lo que redondearon su actuación y dieron sentido a una de esas expresiones que muchas veces se usa pero que con ellos casi pasa de ser metafórica a literal: se comieron el escenario. En definitiva, el espectáculo del grupo es digno de ser visto al menos una vez en la vida. Incluso aunque no te guste la propuesta musical de la banda. Si, además te gusta el 'mathcore' brutote, no tiene perdón el no hacerles caso en su próxima visita, que esperamos sea pronta.

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