Crónica Wovenhand, Sala Apolo 2, Barcelona (10-12-10)

Por Rob, 0 reacciones

Hace unos meses nos sorprendía la noticia que Tool se embarcaban en una breve gira por EEUU para la que escogieron como telonero al nuevo proyecto del ex-16 Horsepower, David Eugene Edwards. Así pues al saber de su visita a Barcelona no queriamos perder la ocasion de ver Wovenhand.

La cita nos llevaba a la sala La 2 y abrían la noche los griegos Seven Seas Duet con una muy breve actuación de folk experimental con aires hindus acompañados por múltiples instrumentos y un optimismo bastante cómico. El músico Loukas Metaxas dio rienda suelta a la diversidad de sus influencias.

Llegaba el momento de la estrella de la noche: Wovenhand entraban en escena al mas puro estilo western con pinceladas psicodelicas para presentar su ultimo disco «TheThreshing Floor» (del que tocaron dos temas, «Sinking Hands» y «Threshing Floor»). Bajo y dos baterias acompañaban a Mr. Edwards, un tipo con similitudes físicas a David Carradine, surgido de la América más profunda y dejando por un tiempo la mecedora en el porche de su casa. Sentado en un taburete nos mostraba su parte mas íntima acompañado por sonidos y cantos de indios americanos.

La ocasión nos invitaba a perdernos en melodías dulces y, si bien, al escuchar el disco te puedes hacer una idea de ser una música mucho más relajada y en directo es todo lo contrario. Cabe destacar la imponente voz que posee David, profunda y encandilante (en la conocida «Speaking Hands» dio buena muestra de ello) y sostenida con expresiones y místicos movimientos corporales cual ritual por su parte que embrujaban el ambiente con aires a The Doors.

A medida que la noche avanzaba se iba animando -con sus piernas poseídas por el rock and roll- y nos demostraba que tal figura vive los directos y absorbe todo el protagonismo de la banda con una grandeza que nos podría recordar a los directos de Nick Cave aunque con piel de serpiente. Ese feroz «Cocodrilo Dundee» que a falta de pantanos se sube a un escenario y nos demuestra -una vez más- que la edad no tiene límites y estar sentado no es sinónimo de ser un soso.

Tras un pequeño bis acompañado de música sacra volvieron a escena acompañados por los teloneros y dieron un caluroso final de show con «Winter Shaker». Sin duda ir a un concierto sin saber que esperar y salir con la sensación de no haberse perdido tal acontecimiento da gusto.

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