Jonah Matranga rinde homenaje a Pearl Jam en una sentida carta abierta

El frontman de Far, Jonah Matranga, ha compartido con los lectores de Antiquiet su particular historia con Pearl Jam, la última banda que veneró al estilo “fan adolescente” según confiesa. Un texto sentido y que merece ser leído de principio a fin.

Con expectación por el nuevo documental de Cameron Crowe (uno de mis directores favoritos haciendo una película de una de mis bandas favoritas y ¿¡me entero que su canción favorita de ellos es también mi canción favorita?!), me doy cuenta de que es hora de terminar esta ridícula divagación sobre mis recuerdos de esta curiosamente icónica banda que tanto significa para mi. Un necesario descargo antes de seguir: casi no hay manera de hablar de mi amor por Pearl Jam sin hablar de mis propios zigzagueos por hacer dinero haciendo música. Es su vigésimo aniversario como banda y es mi vigésimo aniversario tratando de ganarme la vida haciendo música. Así que disculpas por anticipado por las auto-referencias. En general, también es importante (para mi) que enfatice que no me siento tan ‘guay’ hablándoos de todo esto – de hecho, me siento un poco avergonzado. Es la clase de vergüenza que siempre he entendido como una señal para seguir avanzando en esa dirección, de no tratar de preocuparme de ser visto como un idiota demasiado entusiasta, de simplemente ser ese gilipollas que soy y hacer que eso sea lo más cerca de ser ‘guay’ que pueda llegar a ser…

Me había mudado a Sacramento en 1991 para empezar a hablar de formar una banda que terminamos llamando Far. Habíamos hecho un puñado de conciertos y grabado una demo. Ese mes de febrero, cuando aún aparecían en los ‘flyers’ como Mookie Blaylock, tocaron su decimocuarto concierto en el Cattle Club de Sacramento, donde tocaban todas las bandas locales (y las bandas que hacían giras, también). Teloneaban a Alice In Chains. Drop Acid también estaban en el cartel. El cantante de esa banda era Kevin, que también es el cantante de 7 Seconds, una banda que le gusta a Ed (Vedder), así que siempre he pensado que así es como eso pasó.

En cualquier caso, ahí estaban. Y yo no. Yo estaba en Claremont, terminando el instituto. La siguiente vez que fui a Sacramento para un concierto o así, alguien me dio un cassette. Iba en una funda de cartón oscuro con un garabato de un personaje con los brazos abiertos y toda una serie de información innecesaria garabateada por encima. Me encantó que hicieran un cover de una canción de The Beatles (‘I’ve Got A Feeling’) con una extraña y maníaca intensidad. Me encantaron las otras canciones rock punk (que no punk rock) de la cinta. Aunque, mayormente, me fascinó la narración de las letras escritas a mano impresas. Era la misma clase de gesto que me hicieron amar a artistas desde Zeppelin a Prince, de Rickie Lee Jones a U2, casi todos los artistas que me encantaban. Artistas que parecían disfrutar en su arte y promoción de una relación conspirativa, íntima con cualquiera al que le gustara su música; como una invitación a una comunidad. Conseguí ‘Ten’ (el primer álbum de Pearl Jam) poco después y pronto pasó a mi rotación de lectura de letras nocturna con poca luz. ‘Release’, la última canción del álbum fue mi primera conexión profunda con ellos. Sigue siendo la más intensa. Ahí estaba ese hombre, cantando de forma tan simple, cantando esas letras tan obtusos pero tan dolorosamente directas. Cantando sobre su padre, sobre aguantar el dolor, sobre abrirse. Recuerdo tan bien la habitación.

Así, en algún momento, fueron oficialmente llamados Pearl Jam. ‘Ten’ había salido, ellos seguían de gira, el secreto se había empezado a propagar. Pero no realmente. Había mucha gente que no sintió el mismo estirón que yo; casi todos mis amigos pensaban que eran pretenciosos, no punk, nada guays, lo que fuera que fuese. Pero la gente a la que les gustaban, realmente les querían. Eran casi pequeños obsesos fanáticos de la música como yo; gente no realmente interesada en los últimos éxitos sino también un poco confundida y asqueada del elitismo indie que parecía reverenciar a bandas por ser distantes, irónicas, abrasivas. Los primeros fans que conocí eran hiper-idealistas y románticos con una música que llegaba y anhelaba, melodías que se te quedaban, sinceridad que parecía que iba en serio. Se decía de su directo que era bueno. Iban a venir al Troubadour. No estoy seguro de con quien fui. Recuerdo todo el rollo de promo apilado alrededor del club, y quedar algo asqueado por ello, igual que la banda. Ed mordiendo la mano que le daba de comer durante todo el set, escalando por todos lados, la banda yéndose del escenario aparentemente cabreados por todo el rollo de la industria. No parecía que fuesen a salir para hacer un bis. Tras un rato, Ed salió al escenario solo. Tenía la sensación que habría querido hacer un bis pero el resto de la banda no quiso. He olvidado la pegatina que llevaba en su camiseta durante todo el concierto, alguna vieja banda punk. Se la arrancó y debajo era una camiseta de U2. Para mi, esa yuxtaposición les sigue definiendo y consiguió que se granjearan aún más mi cariño. Entonces Ed cantó una versión a cappla de ‘Suggestion’, una canción de acoso y agresión sexual de Fugazi, y se marchó del escenario para no volver. Semanas después, cogí ese arreglo escaso y combativo y lo parafraseé en un concierto benéfico para House For Ruth.

Desde aquel concierto en el Troubadour y hacia adelante entré en modo ultra-obsesivo. Una mujer que trabajaba en Tower Records conmigo, Kari Necker, también estaba igual de enganchada, así que nos hicimos colegas de PJ. Dos mujeres de Seattle llamadas Tracey y Melissa también estaban en nuestra pequeña pandilla. Los seguimos por ahí tantas veces que cuando Ed salió al campo donde debería haber sido el primer ‘Drop In The Park’ (un concierto gratuito el 20 de mayo en el Gas Works Park) para disculparse con los rezagados por la súbdita cancelación por alguna mierda del ayuntamiento, preguntó algo así como, ‘¿um, tu no estás con, um, Jonah, no?’ De hecho, gracias al corazón protector de Melissa, hay un vídeo en Youtube de un VHS documentando este momento surrealista.

http://youtu.be/vg-LsHcdaFs

Cuando el concierto fue vuelto a programar, por supuesto que condujimos 14 horas por estar ahí y casi nos mató a todos tratando de aprender a usar el piloto automático.

Convertido en este punto ya en un ridículo fan-boy, decidí escribirle una carta a Ed, por supuesto. Me encantaban las cintas grabadas con diferentes canciones (mix tapes) y aún me encantan así que quise hacerle una. Quería llenarlo de cosas que quizá no hubiera oído pero que si era esa alma gemela que imaginaba, le encantaría tanto como a mi. Recuerdo ponerle un par de temas de esta estrambótica, meditada, ruidosa banda punk llamada Victim’s Family y mucho material de esta brillante y volátil compositora llamada Rickie Lee Jones. La carta hablaba de todas las diferentes bandas y canciones, junto con quien sabe qué. La primera canción de la cinta, creo, era también la primera canción de el que es mi disco favorito de ella. Se llamaba ‘We Belong Together’. Es una canción verdaderamente increíble, llena de imágenes y frases (‘… los únicos ángeles que nos ven ahora nos miran a través de los ojos de otros’).

Las semanas y meses después de que mandara la carta, PJ empezaron a explotar, junto con toda la escena Seattle. Aún seguían pareciendo los inadaptados de la escena; no lo suficientemente punk para los amantes de Nirvana, no glam-espeluznantes para la gente de Alice In Chains, no lo suficientemente rock para los seguidores de Soundgarden, un poco demasiado vulnerables y ‘baladeros’. Perfecto para mi y perfecto para muchísima más gente. Di por hecho que mi carta debió perderse hacía mucho en el diluvio de cartas de fans (que debían recibir). No me afectó, quizá un poco alicaído.

Entonces llegó el ‘MTV Unplugged’. Para montones de gente, fue el interruptor que para mi fue ‘Release’. La banda tocando con tanta despreocupación y pasión, el marco perfecto para enseñar sus particulares canciones, sentimientos y estilo. Hubieron dos momentos que salieron de la TV que me clavaron al sofá. Una fue Ed garabateando ‘Pro-Choice’ en su brazo en esa épica versión de ‘Porch’. El otro fue casi al final de ‘Black’, ese himno instantáneamente clásico y de perdido enamoramiento que jugaría una parte tan importante en su intento de refugiarse de la fama cuando rechazaron hacer un vídeo para el tema meses después. Mientras Ed bramaba en la parte de ‘I know someday…’ (una de las muchas partes casi al final de las canciones que se conviertieron en tan importantes y memorables que cualquier estribillo) y la energía crecía, empezó a cantar, ‘We… we… we belong together! Together!’

Para tanta gente, ese fue el momento en que cayeron o se dejaron atrapar por Pearl Jam. Habría sido increíble sin que importara qué pero tras la carta y la cinta y todo, estaba literalmente congelado en el comedor de mi amigo pensando, ‘O le encanta Rickie Lee Jones tanto como a mi, lo que significa que somos hermanos de toda la vida o recibió la cinta y la carta y le encantó tanto que hizo que lo convirtió en ese momento y…’ momento en el que mi cerebro prácticamente se cortocircuitó. Todo lo que supe es que tenía que averiguarlo.

Su siguiente paso era sitios como Warfield, un sitio para 2000 personas en San Francisco. Pero para cuando llegaban a los sitios en ese gira, los habían dejado pequeños así que estaban más que agotadas las localidades. Por cierto, los teloneros (junto a el extraño trío sudafricano llamado Tribe After Tribe) eran Rage Against The Machine. El primer álbum de Rage no había salido aún, la mayoría no los había oído o los oía. Diezmaron totalmente ese sitio, lo conquistaron absoutamente, más que ninguna otra banda que haya visto nunca, de largo. En sus 30 minutos en el escenario, Zak (el cantante de RATM) incrementó dramáticamente mis aspiraciones como cantante de rock y frontman, para siempre. De cualquier manera, antes de eso, fuera, mucho antes de que empezara el concierto, estuve andando por las calles cercanas al Warfield con una camiseta de Drop Acid. Encontré el bus de Pearl Jam, le pregunté a Jeff Ament (bajista de PJ) si a alguien de la banda le gustaba Rickie Lee Jones (‘si, ¡es genial!’)… Pero Eddie no estaba. Entonces, cuando me iba, ahí estaba, andando con su novia Beth, cruzándose conmigo. Le mostré mi camiseta de Drop Acid para romper el hielo.

‘Oh, mola,’ me dijo, ‘Perdí la mía en Detroit’.
‘¿Quieres cambiarla?’ (él llevaba una de DRI)
‘No, esta bien, gracias’.

En ese momento, caí en divagaciones tratando de hacerle saber que le había mandado una carta, con una cinta, y qué había de ese momento del final de ‘Black’ y… En algún momento en mi rollo incomprensible, me paró diciendo, ‘Oh dios mío, ese eras tu’ y dándome un gran abrazo y un cariñoso beso en el cuello. Me dijo alguna cosa sobre lo mucho que significó para él o algo pero el resto de detalles son tan poco claros, sinceramente no recuerdo mucho. En esos momentos, mis ideas más tontorronas y románticas habían tenido sentido para alguien más. De cualquier manera, en algún momento, él y Beth se fueron y me recompuse lo suficiente para entrar al concierto. Inmediatamente compré una camiseta de PJ, me quité la camiseta, la doblé lo mejor que pude y solo salir al escenario, se la lancé. Voló pasando de Ed y se deslizó debajo de la tarima de la batería. Montones de cosas siguieron volando mientras el set avanzadba, toda clase de regalos, demos de bandas, quien sabe. Los roadies se pasaban periódicamente por el escenario, limpiándolo todo. Mi camiseta seguía escondida. Ahí se quedó durante todo el concierto. Al principio estuve realmente feliz por ello, pensando que alguien de la banda la encontraría. Entonces, a medida que se acercaba el final del concierto, empecé a darme cuenta de que nadie la encontraría hasta que la banda se hubiera ido. Durante la última canción, Ed saltó al público com siempre, y salió del público con la camiseta medio rota, como siempre. La banda se fue del escenario antes del inevitable bis y finalmente, durante la última barrida de escenario, un roadie vio y agarró mi camiseta. Estaba algo abatido pero aún entusiasmado por el día y el concierto. Entonces, cuando la banda salió a tocar algo más para nosotros, Ed llevaba la camiseta de Drop Acid. La perfección de ese momento está ahí arriba con cualquier cosa hasta o desde entonces para mi.

Así que, pese a que hay tantas otras historias y recuerdos… Ellos teloneando a Nirvana y RHCP en el año nuevo de 1991, Kari y yo volando a Nueva York el año nuevo de 1992 sin entradas para un relativamente pequeño concierto y que nos dieran un par por el cantante de (¡¡¡no me acuerdo!!!) – entonces, una vez dentro, subiendo a la cabina donde Ed y Beth estaban viendo a Keith Richards, dándoles una camiseta y un CD de Far… Tras su primer concierto en el Bridge School Benefit, donde tocaron ‘Daughter’ en directo por primera vez, justo después de que ‘Vs’ hubiera vendido un millón de copias en su primera semana, estando en la habitación de Dave (su primer batería) en The Phoenix, hablando con él de su floreciente fama, que nos pusiera aquella primera canción para Navidad… Far apareciendo en un recipilatorio con Henry Rollins, sabiendo que a Ed le encantaba, dándole a Ed la compensación con una carta en su concierto del Warfield en el que Rollins fue el telonero, berreando cuando abrieron ese concierto con ‘Release’ siguiendo directamente ‘Animal’, haciendo Ed referencia a la carta en el escenario antes de cantar ‘Blood’… Ed reconociéndome (‘hey, Jonah de Far’) mientras andaba entre el público en el Lollapalooza en 1992… Far firmando por Immortal/Epic (el sello de Pearl Jam) en el máximo de la popularidad de PJ y no queriendo nada más que todo el material promocional de PJ que pudieran encontrar, apreciando mi disco-foto de baloncesto del ‘Ten’… Saludando en la fiesta post-Grammy’s en 1997, pensando que Ed parecía bastante triste… Escuchando ‘Given To Fly’ mucho antes de que saliera ‘Yield’ en la oficina de alguien de Epic, riendo de lo mucho que sonaba a ‘Going To California’… 2002 en Londres, en el backstage porque mi amigo Scott trabajaba para Epic (Far nos habíamos separado, yo estaba de gira en solitario) y no aceptando hacer un concierto porque me podía colar en el suyo.

Nos cruzamos con Ed andando por los pasillos del pabellón. Tras años sin verle ni nada, me reconoció de inmediato y le tuve que presentar torpemente al representante de su propio sello. Más tarde esa noche, todo el mundo se quedó por ahí tras el concierto. Ed le andaba soltando mierda a Mark Arm (cantante de Mudhoney) sobre su micrófono por salirse el cable cuando le daba vueltas. Mencioné que había oído una gran historia sobre lo mismo que le había pasado a Eddie Money. De golpe, los ojos de Ed se encendieron y empezó la historia de Eddie Money. Me agarró y se puso enfrente de mi, diciendo, ‘Vale, tu eres Eddie Money y yo soy el guardaespaldas de Eddie Money, contándole a todo el mundo la gente que estás conociendo en la fiesta del sello discográfico…’ Yo estaba ahí sonriendo y meneando la cabeza, sin ni siquiera tratar de ser guay, simplemente empapándome en ese momento fan-boy. Dejando de lado todos esos recuerdos indelebles, ese día y noche en el Warfield sigue siendo EL momento. Repito, no me siento ‘guay’ contadoos nada de esto. Realmente, el contrario, me siento bastante acomplejado releyéndolo y corrigiendo errores – es simplemente divertido compartir esto con cualquiera que haya amado tanto a esta banda; con mis historias particulares de lo mucho que una banda significa para mi como artista, como persona. Pienso en la gente que tímidamente me ha dicho cosas bonitas a lo largo de los años, como les he agradecido profusamente, asegurándoles que yo soy un obseso igual que eran ellos. Aquí la prueba.

Son casi la última banda que realmente quise en un modo de adolescente. Mi arco por el que poder vivir haciendo música va aparentemente disminuyendo, en un modo que da la sensación de completo y sano. Dejé de pertenecer al Ten Club (el club de fans de Pearl Jam), volví a unirme, volví a dejarlo. No estoy particularmente metido en mucho de su material de después de ‘Yield’ aunque ‘The Fixer’ y alguno de su material más suave me ha pillado bien. Ni siquiera escucho activamente ninguno de su material. Cuando mi última banda, Gratitude, andaba buscando batería pude hacer música por unas horas con Dave Krusen (primer batería de PJ) mi cabeza no explotó (pero fue realmente guay). No es que me haya cansado ni nada, sigo siendo un absoluto geek de ellos y su música y vida pero supongo que ahora son más bien una parte de mi, más que una entidad con la que esté tontamente obsesionado.

La última vez que les vi lo describe perfectamente. No traté de lograr pasar al backstage ni nada. Simplemente fui a algunos conciertos. Estuvieron en el Bill Graham Civic en San Francisco por unas pocas noches. Si, fui a los tres. La última noche, casi al final del concierto, cuando andaban muy metidos en una flipada extendida de ‘Crazy Mary’, me encontré llorando de puro amor por la banda, la música, el momento, como muchas veces me ha pasado en sus conciertos. En ese instante, miré a mi derecha y ahí, en los asientos baratos conmigo, estaba mi amiga original de PJ Kari, a quien no había visto en no sé cuantos años, perdida también en el momento. Nuestros ojos se cruzaron y ambos lo flipamos por completo, revelando ese mundo de serendipia en el que ambos crecimos. Casi no hablamos y casi no lo hemos hecho desde entonces. No tuvimos. La música lo hizo por nosotros.

Hablando de música, ¿como mola esto, no? Una base de datos de cada canción que han tocado, las veces que las han tocado, las letras… Tan ambicioso, tan completo, tan guay.
——–
Un epílogo al prefacio. Estoy tan feliz de haber escrito lo que he esrito antes de ver la película. No voy a tratar de articularlo más. Si, simplemente aquí sentado, no tecleando. Lo que ha quedado fuera tras esto es material inarticulado, cosas qe sentí escuchando, viendo, leyendo. Un yo que se ha ido y que aún sigue aquí.

Aquí hay algunas:

Yendo en bici tras ver PJ20
Tras ver Tsotsi horas antes
Jóvenes perdidos
Rendición
Probablemente seré el único idiota viendo paralelismos
Poniéndome en medio de ellos
Llorando y riendo de todo ello
Dos vidas que no llevé
Ambas me hicieron añorar por conocer la suya
Y muy feliz de tener la mía
Ambas películas perfectas
Para mi, al menos
PJ20 me hace odiar tanto el vídeo
Esos momentos merecían un filme
Pero quizá eso sea simplemente nostalgia
Aunque no pienso así
Y de golpe y porrazo estoy pensando en ‘Boogie Nights’
Otra historia de un joven perdido
Padres ausentes
Mi árbol genealógico
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